BUENOS AIRES SIGLO XX

Contar la historia de un país, es contar también la de su gente. Para entender el presente es necesario repasar el pasado y eso es lo que intento a través de este blog, con un agregado personal, contar la historia de mi familia dentro del contexto sociopolítico de la Argentina. La historia debería ser leída desde la primera entrada, donde narro mi partida del país hacia Europa, el viaje justamente inverso que hiciera mi abuelo Francisco con una maleta cargada de sueños y la esperanza de un mañana mejor.

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jueves, 6 de junio de 2013

El golpe del ´43 y la Era Peronista

Los militares y su "ajuste de cuentas".

El 4 de Junio de 1943 las Fuerzas Armadas derrocaron al presidente Ramón Castillo. El levantamiento militar designó Presidente de la República al General Arturo Rawson, quien debido a desacuerdos nunca llegó a asumir la presidencia y fue remplazado por el General Pedro Pablo Ramírez, quien asumió la presidencia en remplazo del general Rawson. Había sido Ministro de Guerra de Castillo y contaba con el respaldo del G.O.U (Grupo de Oficiales Unidos), logia militar que organizó y ejecutó la revolución de Junio del ´43.

Ramírez y Rawson 
El gabinete estaba integrado por nacionalistas, militares y marinos, en su mayoría del G.O.U. En un comienzo los radicales y algunos sectores de izquierda creyeron que el nuevo gobierno terminaría con el fraude entregando el poder a los civiles; al ver sus expectativas insatisfechas pasaron a la oposición.

Se adoptaron medidas de carácter autoritario: clausura de diarios, intervención a las universidades, detención de sindicalistas tildados de comunistas, disolución de los partidos políticos. En defensa de la moral cristiana se implantó la obligatoriedad de la enseñanza religiosa en las escuelas, se censuraron ciertas letras de tango y textos.

“La Era del fraude, ha terminado”.

El 27 de Octubre de 1943 el Coronel Juan Domingo Perón fue nombrado director del Departamento Nacional del Trabajo, luego convertido en Secretaría de Trabajo y Previsión Social. Desde dicha Secretaría se otorgaron conquistas sociales al trabajador.
Durante el gobierno militar se dio un decreto que puso en manos del Estado el control de la actividad sindical, éste fue derogado al asumir Perón la Secretaría de Trabajo y Previsión Social.
Perón el día de su
Asunción al cargo
  También en 1945 se sancionó una regulación de las Asociaciones Profesionales sobre el reconocimiento a éstos últimos; se dictaron estatutos a favor de ciertos gremios, se impuso convenios colectivos beneficiosos para los trabajadores y la C.G.T. se reconstituyó sobre la base de sindicatos adictos a Perón. Al concurrir al sindicato, los obreros pidieron obtener beneficios lo cual estimuló la afiliación.


Luego de asumir ambos cargos, Perón recorre el país, pronuncia discursos que se difunden obligatoriamente por todas las radios y toma contacto con los trabajadores. Especialmente importante es el discurso con el que inaugura, en la Universidad Nacional de la Plata, la cátedra de defensa nacional y el mensaje que dirige al país a fin de año, en el que acuña una de sus frases mas conocidas: “La era del fraude ha terminado”.

Una mala jugada de Ramírez nombra a Farrell presidente.

El neutralismo sostenido frente a la Segunda Guerra Mundial no podía ocultar su simpatía por el Eje, cuyo triunfo del gobierno de Ramírez juzgaba beneficioso para que Argentina se convirtiera en líder del Continente americano.  El gobierno de facto, presionado por Estados Unidos tiene que romper las relaciones con el Eje el 26 de enero de 1944, medida que le costó a Ramírez el cargo, al entrar en desacuerdo con Estados Unidos. 

El 1 de marzo de 1944 asumió la presidencia el General Edelmiro J.Farrell, dispuesto a abandonar el neutralismo si los sucesos bélicos preanunciaban el éxito aliado.
Edelmiro Farrell
El 27 de marzo de 1945, cuando ya se evidenciaba la derrota del Eje, el gobierno argentino le declaró la guerra a Japón y Alemania. Uno de los artífices de esta decisión, que provocó el desagrado de los nacionalistas, fue el Coronel Juan Domingo Perón, quien si bien había participado en el gobierno desde la revolución del ´43, acrecentó su poder durante la presidencia de Farrell.  Además del desempeño en la Secretaría de Trabajo sumó el cargo de Ministro de Guerra y de Vicepresidente de la Nación.


Mientras tanto, los argentinos siguen apasionadamente las últimas etapas de la Segunda Guerra Mundial, que ya se avizora como pérdida para el Eje, aunque ignoran que el final de la contienda será determinante en la política local. Y aunque los partidos políticos están formalmente disueltos, la actividad opositora crece en forma sostenida.

Francisco, mi abuelo y testigo de estas ajetreadas épocas, peinaba sus 41 años con una mano y con la otra conducía ágil su Ford Plymounth del mismo año por esas calles porteñas que ya las sentía suyas de tanta transitarlas. Llevaba casi veinte años en Argentina pero su acento italiano seguía firme en cada una de sus palabras. La Era peronista, no sólo significaba el cese de la Década Infame, sino también una victoria a favor de los trabajadores en una época de transiciones muy duras. Francisco no se detenía en los detalles de la vida política, no la entendía, él sólo entendía de pasajeros transportados y el dinero ganado a fin de mes. Francisco era un tipo de carácter recio, serio cuando era necesario y bromista por momentos. Un tipo de los de antes, de la mujer en la casa y el hombre trabajando. Pero si algo era mi abuelo, era un laburante y fiel testigo de aquellos tiempos políticamente convulsos. Sin embargo, a Francisco no le gustaba Perón, básicamente porque no le gustaban los militares, quizás, por el doloroso recuerdo de su Italia de Mussolini y la Segunda Guerra. Por lo contrario, Ana, mi abuela, adoraba a Evita.

Por culpa de un terremoto, Perón conoció a Eva.

El 15 de enero de 1944 a las 20:45, un terremoto destruye la ciudad de San Juan causando más de siete mil muertos, doce mil heridos y la virtual desaparición de la edificación constituyen el saldo del movimiento sísmico.
De inmediato, se organizan el socorro a los damnificados y el coronel Perón toma a su cargo la campaña solidaria que en pocas semanas logra recaudar más de doce millones de pesos. El gobierno promete que la histórica ciudad será reconstruida. y     Efectivamente así se hace aunque las tareas llevan varios años hasta su terminación. Es con motivo de la gran colecta que se realiza que Perón conoce a la actriz Eva Duarte, con quien establece una relación sentimental que pronto trasciende al público y, sobre todo, a sus camaradas del ejército que, en general, ven con disgusto ese romance.

Perón y Eva
A mediados de 1944 se sancionó el Estatuto del Peón Rural, que aseguró salarios mínimos, permanencia en el empleo y cobertura sindical a los trabajadores del campo.


1945. La rendición de Alemania y Japón y el fin de la guerra.
Este es un año decisivo, no sólo para Francisco, sino para todo el mundo en todos los aspectos. El año 1945 es el que marca el fin de la guerra, primero en Europa con la rendición de Alemania el 8 de mayo en Berlín, en el antiguo casino de zapadores e ingenieros del Ejército, en el cual, el Mariscal Keitel firmaba el documento con rostro grávido. 

Luego, se produce el lanzamiento de dos bombas atómicas, una, Litle Boy, sobre Hiroshima, el 6 de agosto de 1945 y otra, Fat Man, sobre Nagasaky el jueves 9 de agosto, lo que obliga a Japón a rendirse. Con estas medidas se da por terminada la Segunda Guerra Mundial y se abre una nueva etapa internacional que tiene hondas repercusiones en nuestro país.



El gobierno argentino, cuando declaró la guerra a Alemania y Japón en un gesto vergonzante, consiguió también algo indispensable para que nuestro país pueda firmar el Acta de Chapultepec e integrarse a las Naciones Unidas, el nuevo organismo internacional que en adelante velará por la paz mundial.  La oposición se torna más agresiva con el gobierno militar y especialmente con Juan Domingo Perón. Las universidades recuperan su autonomía y también se convierten en centros de oposición.  Acosado por todos los frentes, el Presidente de facto Edelmiro Farrell, levanta el estado de sitio en agosto, lo que permite grandes  manifestaciones opositoras. A fines de septiembre, un movimiento militar contra el gobierno es abortado en Córdoba, lo que le sirve como pretexto a Farrell para reinstaurar el estado de sitio, ocupar todas las universidades y practicar numerosas detenciones.


   El 9  de Octubre de 1945, la guarnición de Campo de Mayo le exige a Farrell el alejamiento de Perón de todos sus cargos (vicepresidente, Ministro de Guerra y Secretario de Trabajo). Los militares, molestos con el poder acumulado por este coronel populista que además se casaba con una actriz decidieron su destitución de dichos cargos. El presidente acepta y ordena la detención de Perón en la isla Martín García el 11 de octubre. Pero un inesperado movimiento popular avanza sobre Buenos Aires el 17 de octubre de 1945.


  La gente ocupa la Plaza de Mayo y exige la liberación de Perón ante lo cual el gobierno de facto decide trasladarlo al Hospital Militar Central en la Capital Federal. Las masas obreras exigieron a Farrell la presencia de “su” coronel, éste entonces, se vio obligado a ceder para calmar a la multitud. 

   Una vez en libertad, Perón habla desde la Casa Rosada anunciando su retiro del ejército y su lanzamiento a la acción política. Semanas mas tarde, después de su casamiento con Eva Duarte, se dedica a la creación del Partido Laborista. Esta agrupación y la disidencia radical, llamada UCR junta Reorganizadora, apoyarán su candidatura presidencial.

A fin de año, el gobierno sanciona el decreto 33.302 que establece un aguinaldo para todos los trabajadores, medida que algunos empresarios resisten si éxito. Además, sanciona un decreto ley por el que se extienden los beneficios de la jubilación y pensión para todos los empleados de comercio y afines. 

Mientras tanto, Estados Unidos, continuando con sus presiones sobre el gobierno militar, dispone la congelación de las reservas de oro argentinas y retira a su embajador en Buenos Aires, actitud que es imitada por los gobiernos de los otros países latinoamericanos, con lo que Argentina queda en un virtual aislamiento diplomático. Sin embargo, esta sanción no afecta la marcha de la economía, basada en la actividad de miles de pequeñas empresas que tratan de sustituir las importaciones que ya no llegan y las ingentes exportaciones de trigo y carne a los países aliados, lo que acumula créditos, por ahora bloqueados a favor de la Argentina.

     Argentina, había salido de la Década Infame y transitaba ahora la Era Peronista. Millones de personas se ilusionaban con la candidatura de Perón, el líder de masas obreras, capaz de movilizar a un millón de personas hasta la Plaza de Mayo y mandarlos a casa a descansar luego de un discurso que pasará a la historia en aquel 17 de octubre de 1945.

     Sin embargo, también se sucedían las primeras manifestaciones masivas anti-peronistas que fueron organizadas por el movimiento estudiantil bajo el lema de “abajo la dictadura de las alpargatas”, a las cuales, las manifestaciones obreras que apoyaban las leyes laborales que iba promoviendo Perón, contestaban “alpargatas sí, libros no”.

 Mientras tanto, Francisco, mi abuelo y mi excusa para narrar esta historia, iba construyendo la suya propia a base de trabajo duro y un sueldo que alcanzaba con lo justo, cuidando a su manera, de sus hijos y su mujer, Ana. Ni él ni nadie serían capaces entonces de imaginar los años venideros, pero lo cierto es que entre los años 1941 y 1946 la clase obrera industrial había crecido un 38%, pasando de 677.517 a 938.387 trabajadores. Francisco no pertenecía a esa clase obrera pero desde luego que indirectamente se beneficiaría.

El 8 de diciembre de 1945, la Unión Democrática reunía en un acto aproximadamente 300.000 personas.

     La figura referencial era Roque Saenz Peña y el lema del acto era: “Por la libertad contra el nazismo”. Cabe recordar que el embajador norteamericano Spruille Braden, en un documento (El Libro Azul) acusó al gobierno argentino y a Perón de nazismo y fue difundido en diarios. La Unión Democrática hizo suyas esas denuncias. La respuesta de Perón fue: “Braden o Perón”. Este dilema significaba la Unión Democrática y la injerencia yanqui por un lado o la defensa de los intereses nacionales, contra el imperialismo, de la mano de Perón.


Spruille Braden en Buenos Aires
Faltaban algunos meses aún para que Perón se convirtiera en Presidente de la República por primera vez y transformar la política y la vida de los argentinos para siempre, pero esa, sin dudas, es una historia que merece un capítulo aparte por lo que representó y representa actualmente para la sociedad argentina.

El País crecía a la par que sus fábricas, se modernizaba y soñaba con ser el mejor de Sudamérica. Era indómito, por momentos convulso pero exudaba arte y cultura por varios puntos de su extensa geografía pero especialmente en su Capital y en una de sus avenidas más famosas. Corrientes, esa avenida de neón, repleta de pizzerías, teatros y librerías que invitaban al entretenimiento ininterrumpido.

  Para Francisco, esa zona porteña era como un gran estanque lleno de peces y su taxi el señuelo. A su paso, las luces de la avenida teñían de colores su Ford Plymouth. 

  Para muchos, la noche iba muriendo en alguna copa de licor, en el inconfundible quiebre de un bandoneón o en alguna representación del Teatro Odeón. Francisco, sin embargo, merodeaba la gran avenida a la espera de devolverlos a la realidad, aunque sólo sea por una noche más.



jueves, 14 de febrero de 2013

Francisco Paparatto, mi abuelo, el italiano


Francisco Paparatto
Francisco Paparatto era mi abuelo, al que casi no conocí, un tipo italiano con mucho carácter y muy trabajador. También es la excusa para escribir este blog, ya que ochenta y dos años después de que él atravesara todo el océano hasta llegar a la Argentina para buscarse la vida, he debido hacer el mismo viaje pero a la inversa, claro, salvando las distancias. Él lo hizo en barco y yo en avión. Esa sensación de estar dejando atrás todo lo conocido para llegar a tierras extrañas me hizo ponerme por un momento en la mente de mi abuelo. ¿Qué pensaría durante su largo viaje a Sudamérica, cuando apenas tenía 17 años? ¿Que expectativas tenía él y que miedos lo alejaban de su Italia natal? Atrás dejaba a  sus padres y una hermana, a los que jamás volvería a ver ni hablar, salvo alguna carta de pocas líneas. Había nacido en 1903 en Joppolo, Calabria. ¡Estamos hablando de otro siglo! Nació en una familia de obreros. Tuvo que asistir, cuando ya era un adolescente, a la partida de algunos familiares rumbo a América del Sur. Quizás en esos momentos nunca imaginó que algún día él también partiría. Buenos Aires sería su destino. 

Francisco y su taxi
Contar la historia a través de los ojos de mi abuelo es contarla desde su sacrificio, su persistencia, sus miedos y su valentía para afrontar lo desconocido. ¿Quién mejor que un taxista para conocer el sentimiento de un pueblo? ¡Imaginemos cuantas personas ha transportado en el asiento de atrás de su taxi! ¿Cuántas historias habrá escuchado y cuántas habrá tenido que callar? Francisco paraba diariamente a descansar en un bar de Paternal, en Francisco Acuña de Figueroa y Córdoba donde se juntaban muchos "tacheros" que entre café y café solucionaban los problemas del país, ¡como no!

Ana Ragadali
Francisco se casó con Ana Ragadali, mi abuela, en enero de 1939, un casamiento designado con antelación por los padres de ella. Francisco le llevaba a  Ana quince  años. Cuando se casaron él tenía treinta y cinco años y ella 20. Ana nació en 1919 en Catanzaro y cuando llegó a Buenos Aires, a los doce años fue  con sus padres a vivir a una casa de inquilinato, en La Paternal. Las familias se conocían, se juntaban, todos habían llegado de Italia y eran tiempos difíciles donde había que trabajar sí o sí y a las mujeres había que "colocarlas". Apenas se casaron se fueron a vivir a lavallejas y Gascón, en Palermo viejo y más tarde a la casa de los padres de Ana, Anunciata y Roco, en el barrio de Devoto. 

Mariana y Sabatino
Francisco, siempre taxista, tuvo dos hijos, Mariana (mi madre) y Sabatino, mi tío. Sabatino nació el 27 de Noviembre de 1939, ocho meses después de que se casaran. Mariana, mi madre, nació el 18 de abril de 1942. Francisco y Ana formaron una familia y juntos atravesaron años muy complicados pero lo mejor es que su vida transcurrió lejos de las Guerras Mundiales que se libraban en Europa.

Francisco y yo
Los ojos de Francisco se cerraron para siempre a sus 73 años.  Una noche del año 1976, casi sin darse cuenta, un ataque al corazón repentino le arrancó un suspiro casi inaudible, seco, fulminante. Francisco dejaba este mundo pero también dejó historias, anécdotas y enseñanzas. No tuve la suerte de tener conversaciones interesantes con él, sólo tenía seis años, casi ni recuerdo su mirada, pero cada foto suya, cada historia narrada, me ayudaron a darme cuenta de lo valioso de su existencia. Muchas de sus experiencias fueron contadas y muchos se fueron con él.

Ana, sin embargo, siguió su vida, con sus hijos ya casados ejerciendo más de abuela que de madre. Sus impresionantes ojos verdes  era lo que más me gustaba de ella. Por momentos parecían reflejar sus vivencias, sus angustias pasadas, su sacrificio y por momentos, cuando veía a sus nietos desbordaban alegría. Un caluroso 25 de diciembre del año 1991 un pico de presión le produjo una hemiplegia postrándola en una cama con medio cuerpo inmóvil. No podía hablar ni mover la mitad de su cuerpo. Sus ojos eran su única manera de comunicación. Te miraba fijamente, como queriéndote decir algo, como dando las gracias o como una anticipada despedida. Triste final para una mujer que luchó como una leona para sacar a sus hijos adelante a pesar de las circunstancias. Pocos meses más tarde, en una clínica privada que curiosamente llevaba su nombre, Santa Ana, con su cuerpo con escaras por la espalda y una gran tristeza dibujada en su rostro, dejó este mundo a los 72 años,  para unirse a él, a Francisco, su compañero de toda la vida.

En honor al sacrificio de ambos, al desarraigo forzado, al apellido legado y en vuestra memoria les dedico este blog y cada palabra que en él habita.


Gustavo Martín Benedetti Paparatto
Administrador de Buenos Aires Siglo XX